Page 23 - Ruth Morán
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aura) y contagiar su entusiasmo o, al me- nos, su inquietud, sería pues la tarea de quien habla de arte; y, consecuentemen- te, debe también éste producir una forma (una forma de discurrir, si se quiere) y ésta constituye siempre una prolongación de la obra que –cada vez más- resulta ser impres- cindible; no ya porque una obra carezca de sentido sin su correspondiente contem- plador (o receptor), sino porque la teoría sostiene que “el arte” no es una especie de “esencia” misteriosa e invisible –tal vez ese “algo”- que flota en las ondas y se des- liza esporádicamente en alguna persona o cosa: “No hay ninguna condición o con- junto de condiciones imprescindibles para que algo sea arte: no hay ninguna esencia que compartan todas las obras de arte”, sentencia Dickie3. De hecho, la artisticidad de un objeto ni siquiera tiene por qué ser -singularmente desde el “experimento de los indiscernibles” de Arthur Danto4- perceptible con los sentidos; más bien se trata de una construcción abstracta, una suerte de consenso: una convención.
A medida que pasa el tiempo y esta pintu- ra se vuelve más opulenta y sugestiva, una concreta poética empieza a desprenderse de ese sólido armazón formal y concep-
3. George Dickie. El círculo del arte. 1997
4. Véanse: Arthur C. Danto. La transfiguración del lugar co- mún (1981) y Más allá de la caja de Brillo. Las artes visuales desde la perspectiva posthistórica (1992)
tual: la obra de Ruth Morán se torna más delicada y matizada, entre otras razones porque varía la concepción misma de su argumento: el garabato-gesto, grafía o ele- mento básico de la pintura, se convierte en maraña-motivo, objeto y elemento simbó- lico; así, desde un punto de vista formal, el garabato como forma plana –de la toma de conciencia de la planitud de la pintu- ra surge toda la plástica contemporánea, desde Cézanne y Braque pero, sobre todo, con ella se inicia hoy el aprendizaje de las bellas artes y no hay joven pintor que no se refiera a ella continuamente al comien- zo de su andadura- madura y se sofisti- ca, permitiendo que nazca el espacio y se manifiesten el juego y los mecanismos de la memoria: “De esta forma sus pinturas y dibujos –a pesar de su abstracción y de su no representación- beben decididamente el húmedo y plural líquido de esta fuente. Así, las composiciones, la ubicación de las líneas y de los campos de fuerza plásticos, la leve pero continua presencia de una cierta vocación de horizonte, las casi im- perceptibles huellas del mar, del bosque, del cielo, o de la noche que deja sobre es- tas superficies, como si fueran las pruebas de un crimen casi perfecto, la música ca- llada del firmamento o de la vida subterrá- nea..., todos estos testimonios visuales y mentales nos remiten a una personal (re) visión pictórica del paisaje”5.
5. Francisco Carpio. Una recóndita fuente. 2006
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DonDe Se inicia el Sueño. técnica mixta S/papel, 152 x 90 cm. 2008

