Page 24 - Ruth Morán
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Así, en nuestros días, la definición misma –la existencia- de “lo artístico” se produce como consecuencia de una labor colectiva: “La teoría de la imitación [que nos legó Pla- tón] sitúa la obra de arte dentro de una red doble, entre el artista y el tema. La teoría de la expresión [vigente hasta los años cin- cuenta] sitúa la obra de arte en una relación única con un artista (...). La teoría insti- tucional [desarrollada por Arthur Danto y Dickie en los sesenta] trata de situar la obra de arte dentro de una red múltiple de mu- cha mayor complejidad (...). Las obras de arte son arte como resultado de la posición que ocupan dentro de un marco o contex- to institucional. La teoría institucional es pues una suerte de teoría contextual”.
¿Por qué, pues, la red (o la trama)? Y ¿por qué se vuelve ésta, progresivamente, mara- ña, ovillo? Basta con examinar las piezas que la artista ha ido desarrollando a lo largo de
24 estos últimos años (podemos considerar que lo esencial de su andadura, aún breve, se desarrolla entre la soberbia exposición Tejido horizonte, de 2006, y esta primera in- dividual en Ángeles Baños) para compro- bar que lo maravilloso de esta obra tiene que ver con la reiteración: los motivos que Ruth Morán repite de forma obsesiva son innumerables y durante la visita al taller pudo comprobar el cronista, bastante estu- pefacto, que esta artista atesora decenas de blocs y pilas de papeles llenos de estas ma- rañas de trazos, muchos de los cuales nunca llegarán a desarrollarse sobre un lienzo ni verán la luz. Puntos, marañas, hilos o tra- mas: la forma del trazo varía y evoluciona; lo que permanece es la actitud (y diría, por ejemplo, que si uno entrecruza los párra- fos de un texto, lo que al principio era una sencilla urdimbre termina por volverse un laberinto).
El “arte” no es pues algo que sucede en la soledad del taller, entre el pintor y su cuadro, sino que es “el mundo del arte” (la “institución arte”, dicen otros) quien trata de determinar si algo es arte: “Una obra de arte es un artefacto de un tipo creado para ser presentado a un público del mundo del arte”; “El mundo del arte es la totalidad de los sistemas del mundo del arte” y, si bien este “mundo” no es un “mundillo” –opinión ésta muy extendida- sino un conjunto muy amplio de personas, instituciones y aun re- latos, en él no pueden tener cabida quienes no poseen unos conocimientos mínimos (en la práctica, claro está, la casi totalidad de las personas; pero no en la teoría): “Un público es un conjunto de personas cuyos miembros están hasta cierto punto prepa- rados para comprender un objeto que les es presentado”.
“Lentamente, dejando que el tiempo y el trabajo diario hagan mella, una madurez artística prematura comienza a destilarse entre empastes, redes lineales y destellos de color. Una labor intensa que, en la sole- dad del estudio, nos habla de difíciles pro- cesos y entramados, donde la sutileza grá- fica y el gesto personal se esconden bajo una estructura sólida de carácter, a priori, insondable. No obstante, ese hermetismo es un espejismo para el espectador perspi- caz, que puede desvelar, no sin dificultad, la intensa complejidad de estas obras que irradian un caos ordenado”6.
Así pues, paradójicamente, la construcción de lo artístico se lleva a cabo desde la fascina- ción por algo que no aún no es, sino que ha de ser definido. A nadie se le escapa que este estado de cosas, este escenario en el que un artista actual consciente -o “ambi-
6. José Luis Molina González. Redes del alma. 2006

