Page 21 - Ruth Morán
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El alma crea sin cesar y sin cesar devora a sus criaturas. A cada instante esboza otras vidas, en- gendra sus héroes y sus monstruos”.
Paul Valéry
Acerca de ese “algo” que poseen las obras de algunos artistas y de lo que sin embar- go carecen otras, muy poco puede decirse (en general, la pintura contaría aquello que debe ser contado sólo con la pintura); pero no importa: si en algún momento podemos afirmar que existe tal cosa indecible y que está en un cuadro –porque lo sentimos o lo percibimos de algún modo- es que ya nos encontramos en el lugar correcto. No ne- cesitamos ir más allá: “tal vez debiera darse uno por satisfecho, no haciéndonos el arte accesible, sino haciéndonos accesibles al arte”, sentenció Hofmann1 renunciando, acaso, a toda tentativa de “explicación” convencional y apostando –creo- por la expresión de su propia fascinación.
Lo cierto es que la obra singular de Ruth Morán siempre ha sido fascinante y convin- cente –además de sorprendente-: desde un primer momento sedujo a este cronista, pero también a su galerista, Ángeles Baños, a los coleccionistas y a los jurados. Y ello, cuando aún era imposible percibir en ella
1. Werner Hofmann. Los fundamentos del arte moderno. 1987.
nada que no fuera una lúcida y pertinente reflexión sobre ciertos atributos formales de la pintura, o sobre el modo de operar hoy en el lienzo, o sobre el sentido de una acción: después de todo, lo que esta artis- ta hace actualmente se encuentra íntima y claramente relacionado con la noción de garabato (esto es, con el dibujo en su estadio más embrionario); pero, al mismo tiempo, esta pintura tan exquisita se distingue, tam- bién claramente, de aquellas investigacio- nes sobre el garabato (y sobre el dibujo de los niños, los locos y los alucinados) que llevaron a cabo los surrealistas, los bruts o los informalistas (especialmente alemanes y franceses2); es expresionismo abstracto, pero sólo hasta cierto punto; y ni siquie- ra es del todo abstracción en la medida en que el hilo, la maraña, el tejido, la trama, son elementos concretos, reconocibles y no- minados: cada vez más deberíamos poder hablar, si la obra sigue el curso que imagi- namos, de una abstracción impura.
Fascinar es sin duda una de las misiones del artista (Warhol llegó a decir que alguien se había interesado por la compra de su
2. “Más bien de pintora europea que de pintora americana, en ese primer sentido, involucrada en una intención lírica de lo pictórico de raíz instintiva y automática, más que orientada hacia esa otra poética exclusiva de la función del lenguaje, de los elementos y factores mismos que contempla la pintura”. Juan Fernández Lacomba. Ruth Morán: de la expresión a la superficie. 2006.
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